He decidido crear un blog en el que pueda expresarme, así pues, aquí os dejo el link, espero que os guste:MY WORLD QUINBOOKS BLOG
CIERRE TEMPORAL DEL BLOG, BLOG ACTIVO: http://exanimarentur.blogspot.com.es/
martes, 2 de abril de 2013
MY WORLD:
lunes, 1 de abril de 2013
CIERRE TEMPORAL.
Bueno, hola...En este blog no escribiré más hasta que acabe el primer libro de la trilogía: 'EXANIMARENTUR', así pues, solo estará abierto de mis tres blogs el blog de 'EXANIMARENTUR'.
EXANIMARENTUR BLOG
PRINCESA DE CRISTAL - Isaac Álv. Yáñez.
PRINCESA DE CRISTAL
Me
miro al espejo apoyándome en el lavabo. Abro el grifo y me limpio los dos dedos
con los que provoqué el vómito. Me intento contener y no puedo, derramo
lágrimas prometiéndome que será la última vez.
Me
llamo Cristina, tengo diecisiete años, soy bulímica y anoréxica desde hace más
de cinco meses, no lo sabe nadie, vivo sola este infierno.
A
veces pienso que he nacido para estar sola, que no merezco a alguien que me
quiera, que solo merezco el dolor y la muerte.
No
le tengo miedo a la muerte, únicamente le tengo miedo a los kilos, los que me
invaden, y los que son mi muerte interior.
Hablé
con gente por internet para pedir ayuda, pero nadie me entendió, nadie entiende
el daño que me hace comer, me produce ansiedad, y sólo
me dan ganas de morir cuando lo hago.
Me
da la sensación de que mis padres están ciegos, necesito ayuda urgentemente.
Tengo
los brazos llenos de cortes, cada corte significa un día que he querido a quien
no podía alcanzar, un día que he comido mucho o un día que he vomitado.
Me
siento nerviosa al escribir estas líneas, me da miedo el pensar cómo me estoy
destruyendo a mí misma por dentro y por fuera.
Mi
reto es ser perfecta, cada mes pierdo cinco kilos aproximadamente. Empecé pesando ochenta kilos y ahora cincuenta y cinco,
pero aún no estoy satisfecha. Me mareo constantemente, necesito a alguien que
me haga salir de este infierno.
Cada
día cuando suena mi despertador lo primero que hago es pensar si de verdad
merece la pena levantarse para otro día amargo. Después me voy a mirar al
espejo y me hago la misma pregunta.
Hoy
es un día especial, cumplo los cinco meses como anoréxica y bulímica, me he
propuesto que no habrá un sexto mes, que todo acabará pronto, y que lo
conseguiré.
Después de unas semanas…
Me
despierto contenta, sin hacerme ninguna pregunta y sin irme a ver al espejo,
desayuno comiendo normal.
Llevo
tres días comiendo bien, estoy totalmente recuperada, mañana sería el día que
cumpliría los seis meses como anoréxica y bulímica, pero no, todo es perfecto, mi
mundo, y yo me considero algo más guapa.
Acabo
de ducharme y me dirijo a mi habitación a vestirme. Elijo mi mejor ropa puesto
que es viernes, y hay que aprovecharlo. Cuando acabo, me pinto y me arreglo del
todo y salgo de casa después de coger la mochila.
Por
el camino el viento golpea mi sonrisa, una sonrisa que hacía tiempo que mi cara
no era capaz de lucir, una sonrisa que yo pensaba que es el principio de una
nueva etapa, el principio de mi renacer, el principio de empezar a vivir la
vida, dejando atrás todos los complejos que me atormentaban el alma.
Llego
al instituto y saludo a todos mis amigos, también ellos notaron que soy una
nueva yo.
En
clase todo me fue genial, mejor que nunca, todo perfecto, como mi día, y por
fin acabo la clase y voy de vuelta a casa sin eliminar mi sonrisa.
Al
llegar me voy a mi habitación y observo mi báscula, llevaba tiempo sin usarla y
decido ver cuánto he engordado.
Cojo
mi libreta y observo la última anotación: cuarenta y dos kilos.
Me
subo en la báscula y descubro mi nuevo peso: setenta y cinco kilos.
En
ese momento mi corazón empezó a ir más rápido, comencé a llorar
desesperadamente olvidando todo lo que había mejorado de la enfermedad. Pienso
en todo lo que he comido, me miro en el espejo y me desespero. Me entra
demasiada ansiedad, por lo que cojo un cuchillo y me empiezo a cortar las venas
como nunca lo había hecho.
Pienso
en la muerte, y en que ello haría acabar todo el dolor, y decido hacerlo,
decido acabar con el dolor, dejar todo lo que he luchado por los suelos y únicamente
llorar y cortarme más profundo y en diagonal, la sangre se derrama sin parar y
yo no me detengo y sigo yendo más profundo.
Lo
último que pude hacer fue escribir en un papel:
domingo, 31 de marzo de 2013
PRINCESA DE CRISTAL ~.
Mañana subiré al blog el cuento Princesa de Cristal, este trata sobre el punto de vista de una chica que sufre de anorexia y tamibén de bulimia, ella encuentra una solución para salir de ello, si quieres saber esa solución MAÑANA A LAS 13:00, ¡PRINCESA DE CRISTAL!, Después colgaré una entrada sobre EXANIMARENTUR.
Adiós.
ÚLTIMOS TRES CAPÍTULOS, Los Recuerdos de Samuel:
XIV: Edgar, ¿de qué forma TE
QUIERO?
Acabamos de comer el postre y los dos
vamos juntos a su habitación, que ganas de decirle todo, todo lo que siento,
que ganas. Me abre la puerta de su habitación como un caballero, que mono.
-Bueno, y… ¿de qué quieres hablar? –le pregunto
con la esperanza de que me diga que no sabe para contarle.
-Ah… te tenía que contar una cosa…
haber, te iba a dar un calendario, por eso te dijeron algo relacionado con tu
cumpleaños, pero, no lo encuentro…
-Ah.
-¿Qué te pasa?
Suspiro, el corazón me late a mil por
hora, ya está se lo voy a decir le voy a decir que me gusta.
-Que tengo una cosa que contarte, y… no
sé por donde empezar.
-Mmm… ¿por el principio?
Me río con desgana, estoy demasiado
nervioso como para echar una carcajada que se oiga de aquí a china, dios que
nervios.
-Buena reflexión, verás, es que es muy
difícil, este es el principio: me cuesta decírtelo, quiero decir: que no se
como decírtelo, no sé por donde empezar… ya, ya sé que por el principio pero
cuesta, me cuesta, y no sé como te vas a quedar cuando lo oigas.
-Tranquilo, no me mofaré.
-No es eso, bueno, aparte.
-Samuel, haber, relájate, tómate tú
tiempo y dímelo cuando creas necesario.
¡OH, QUE LISTO! Que nervios, ‘Súper
Majo’ me está desafiando, no sé como decírselo, respiro, aspiro, me toco el
pecho, noto mi corazón, parece una discoteca con miles de personas, me cuesta
respirar de los nervios, le apoyo la mano en su rodilla.
-Haber, ¿estás seguro de que me lo
quieres decir? Porque si son temas personales yo no tengo porque saberlo y tú
no tienes porque decírmelo.
-Vale, te lo digo: que… que…
Respiro, aspiro, vuelvo a intentar
formular la frase.
-Que… me…
-Haber, Samuel, dime, se está acabando
el tiempo, bueno, queda media hora y poco pero es que tengo miedo de que igual
no quieres que lo sepa.
-Que tu calendario estaba dentro del
cuento y ya lo estoy usando.
¿Soy tonto o me lo hago? Que excusa tan
mala, vale, tenía pensado decírselo pero, me va a pillar, no es una cosa que de
vergüenza.
-¿Era eso? –Se ríe y continúa- ¿eso te
daba vergüenza? Tranquilo, es un alivio, pensé que lo había perdido, y me había
costado robar el material con el que lo tenía que hacer, así que, gracias.
-UF… menos mal que no te enfadas.
Que frase más falsa, YO soy un falso,
se lo tengo que decir, se lo tengo que decir, pero YA.
Nos reímos, bueno, se ríe él, yo le
sigo con disimulo, pero triste, muy triste.
-Y pensar que me ibas a decir que te
gustaba…
-¡¿QUÉ?!
-… alguien.
-… alguien.
-Ah, no, no.
-¿Por qué gritaste cuando dije eso? No
me dejaste terminar, pareció que dije que pensaba que me ibas a decir que te
gustaba, no, tranquilo, no soy así de creído.
Se ríe, yo le sigo, como siempre: con
disimulo pero triste, ya está bien de mentiras se lo voy a decir.
-Edgar…
-¿Qué? ¿Por qué me miras así? ¿Qué te
pasa? ¿Estás enfadado?
-No, no, tranquilo.
-No, no, tranquilo.
Me sonríe y con interés me pregunta
apartándose y echándose en la cama:
-Entonces… ¿Qué?
Suspiro, aspiro, suspiro, aspiro, hago
eso mucho tiempo, el corazón se me sale por la boca y definitivamente le digo
rápidamente:
-Edgar, ¿de qué forma te quiero?
Se levanta de la cama, y se aparto como
diciendo: ‘que asco’.
-¿Qué quieres decir con eso? Supongo
que somos amigos y me quieres, pero… ¿de qué forma te quiero? Haber, explícate
que no caigo.
-Edgar, desde el primer momento en que
te vi me pareciste súper majo y, a través de tú interior, me empezaste a
gustar, pero no el físico…
Dejando mi frase inacabada ‘Súper
Majo’ ya no tan ‘Súper’ me suelta de sopetón:
-¡¿Tú qué dices?! Haber, niño, no
confundamos las cosas, de arriba abajo, ¡fuera de mi habitación!, da por
finalizada nuestra amistad.
-Pero…
-¡FUERA!
Las lágrimas vuelven, ¿dónde está
Edgar? Ya no me gusta, claro que no, su interior se ha derrumbado.
Salgo de la habitación mirándole con
rabia y dolor y me encuentro en un mundo diferente, en un mundo olvidado, YO
estoy olvidado, ¿y ahora a quién tengo? Eduardo, casi se lo cuento lo de que me
GUSTABA Edgar pero me desmayé, solo puedo confiar en mí mismo. Al desmayarme
Dios me ha dicho: ¡no se lo digas!, y no se lo voy a decir.
-¡Eh, tú!
Germán, en estos momentos no era la
persona a la que quería ver, necesitaba a mi padre, PAPÁ, te necesito más que
nunca.
-Dime.
-Ya te puedes ir olvidando de que
vengan tus padres el día de tú cumpleaños, no van a venir, ¿qué hemos dicho?
Nada de andar por los pasillos, y además…
Me fui a mi habitación no quería
escuchar a nadie, solo quería llorar, y encima ahora, el día de mi cumpleaños
no iba a ver a mis padres, bueno, más bien, a mi madre, mi padre se murió, no
lo veré en ningún cumpleaños más, y todo por el HIJO DE PUTA que le mató en
aquel parque que ahora estará derrumbado y yo ya no tengo nada que hacer para
descubrir quien le mató. NADA, nada, nada, nada, nada,
XV: 2º intento.
Me eché sobre la cama destrozado,
con ganas de gritar, con ganas de ver a mi padre, con ganas de VIVIR, me daba
la sensación de que me estaba perdiendo muchas cosas ahí dentro.
Fui al baño y, silenciosamente, hice pedazos el espejo. Cogí uno de los
trozos y en susurros dije:
-Papá, me voy contigo.
Me iba a clavar el cristal en el
pecho pero alguien (Eduardo) gritó con ganas de llorar:
-No lo hagas, no verás a tus padres,
pero…
-A mi madre.
-Eso, a tu madre, Samuel pásame ese
trozo de espejo por favor, pásamelo y te explico, hablamos, pero no lo hagas,
por favor, no te puedes morir aún, no vas a ver a tú padre pero tienes que
vivir.
Sin una sola lágrima pero con mi
corazón llorando a gritos le susurré con frialdad:
-Aquí no hay manera de que pueda
vivir. Mi vida es una mierda.
-No, no es verdad, hay muchas
personas que te quieren, entre ellas yo, no nos hagas esto por favor, te
queremos, anda dame eso.
Rendido y dolido le di el trozo de
espejo y seguidamente le abracé dejando todo lo malo atrás, todas las
tonterías, ¿por qué matarme? Papá, espérame hasta que llegue mi hora, ¿de
acuerdo?
En mi mente imaginé a mi padre
asintiendo y sonreí.
-Que no vuelva a pasar, ¿vale?
–Asentí y siguió hablando-: yo te ayudaré a superarlo.
Nos intercambiamos unas sonrisas de
confianza y después me abrazó y yo le agarré fuerte sintiendo protección… ¡a la
mierda Edgar!
XVI:
3er intento.
(Narrador:
Eduardo)
Salí de la habitación de Samuel un
poco más feliz, su trastorno había mejorado, esta vez le di unos dos años más
aquí y estaría curado.
Hoy tocaba una reunión con sus
padres porque me tenían que hacer varias preguntas sobre como iba la enfermedad
de su hijo, llegaron y les saludé:
-Hola Carlos, hola Patricia, pasen a mi despacho por favor.
Les indiqué donde tenían que entrar
y se sentaron en frente mío para dar comienzo a la reunión.
-Hola Eduardo –me saludó Carlos, el
padre de Samuel- estoy muy preocupado temo que mi hijo no me vaya a ver jamás,
y que para él esté siempre muerto.
Suspiré, y me di cuenta de que debía
ser duro que tu propio hijo pensase que estabas muerto, le respondí:
-Su enfermedad ha tenido algunas
mejoras, creo que ha comprendido que no debe suicidarse, pero por si acaso sigo
estando al tanto. Creo que en uno o dos años todo le habrá pasado.
La madre de Samuel rompió a llorar,
imagino que ella no podría soportar el pensar que su hijo iba a estar sufriendo
por algo que no es verdad, puesto su disgusto comentó:
-Pero no puedo esperar tanto tiempo,
no quiero que mi hijo sufra, ni que piense que su padre está muerto, ni que se invente
novias y amigos imaginarios, ni que piense que disparan a una señora, y más
cosas, toda su vida es una mentira, siempre pensó que iba al colegio, hasta
tenía amigos de mentira, con los que se peleaba, mi hijo está sufriendo, y soy
capaz de cualquier cosa para que deje de sufrir.
-¿A qué años empezó a inventarse
toda una vida? –pregunté preocupado de que haya estado así desde mucho tiempo.
Carlos hizo memoria y respondió:
-Al principio pensamos que era cosa
de críos, sobre los cuatro años, luego empezó a querer matarnos y a enfadarse
con nosotros sin sentido, maltratar a su hermana, e incluso peores cosas.
Al oír esas palabras me daba cuenta
de que la enfermedad de Samuel era crónica, y que iba a estar toda la vida
inventándose cosas, entonces se lo conté:
-Carlos, Patricia, dado que lleva
tantos años con ella… se ha vuelto una enfermedad crónica.
Patricia se fue de la sala llorando
a gritos y dirigiéndose a la habitación de Samuel, yo le grité:
-No, Patricia, no, interrumpirás su
cura.
Se dio la vuelta y me gritó:
-¡¿QUÉ CURA?! ¡SI ES UNA ENFERMEDAD
CRÓNICA! –Después susurró algo que yo pude escuchar-: acabaré con esto ahora.
Abrió su habitación y todo fue tan
rápido que me cuesta explicarlo, Samuel le sonrió y cuando iba a darle un
abrazo ella cogió una almohada y le puso contra la cama intentando ahogarle. Yo
ni me di cuenta de que debía pararlo, su tercer intento para morirse no fue
provocado por él, sino por su madre, cuando me quise dar cuenta ya era
demasiado tarde, había muerto.
Me desperté con fríos sudores y las
pupilas dilatadas, ¿todo había sido un sueño? Fue entonces cuando me di cuenta
de que era un sueño, pero que había pasado de verdad, lo bueno es que ya
descansa EN PAZ pero yo nunca olvidaré su recuerdo, el recuerdo de una persona
que podría inventarse toda la vida, y que sus recuerdos fueran mentira.
Yo le haré siempre un hueco en mi
corazón.
viernes, 29 de marzo de 2013
TRECEAVO CAPÍTULO, Los recuerdos de Samuel:
XIII: ¿Dónde está Edgar?
Me desperté. Parece mentira, pero el
día de ayer me pasó súper rápido. No vi a Edgar, en la comida no estaba, ni en
la cena, o por lo menos, yo no le vi, ¿se habrá ido? No, no creo, (¡POR FAVOR
QUE NO SE HALLA IDO!).
Llaman a la puerta, supongo que será
Eduardo. Mi boca suelta un adelante pero la puerta no se abre, después de unos
segundos escucho:
-¡A desayunas Samuel!
¡BIEN! Podré ver si está Edgar. Ayer no
cumplí mi promesa, no le vi, pero hoy os prometo, es más, os juro, que después
de comer venimos a mi habitación y se lo digo todo, todo lo que me pasa, aish…
me va a costar pero nunca he tenido problemas para expresar mis sentimientos,
¿por qué empezar ahora?
Vuelve a sonar la puerta.
-Ya voy.
Arranco otro día del calendario de
Edgar, hoy me pone: día 29, y debajo: quedan 2 días. Que chico TAN, TAN, TAN
majo.
Acabo de desayunar, Edgar no estaba,
tengo miedo de que se haya ido. Paso una mañana un poco larga, haciendo deporte
pero una voz me libra del sufrimiento:
-¡A COMER!
¡BIEN!
Salgo por la puerta y me dirijo a una puerta,
la del comedor. Antes de entrar voy diciendo en bajo por el camino:
-Que esté Edgar, que esté Edgar, que
esté Edgar, que esté Edgar.
Con miedo me asomo por la puerta
siguiendo repitiendo la misma frase, miro a los lados, no encuentro a Edgar, se
ha ido, no nos hemos despedido, con esperanza vuelvo a mirar, no, se ha ido, no
puede ser, yo quería haberme despedido, ya no es TAN majo.
-¡Samuel, eh, ven, te he guardado un
sitio, ayer no nos vimos en todo el día!
Miro a la derecha ¿quién coño me guardó
sitio si yo solo conozco a…?
-¡Edgar!
Voy corriendo a su encuentro, me siento, que ganas de verle, le sonrío sin saber que decir, no quiero decir nada, solo sonreír, está aquí, delante de mí, que ilusión, sonrío con la esperanza de que el diga algo y, como siempre, consigo mis propósitos:
-Ya me ha contado Eduardo donde has estado y que ha pasado y todo el cuento… Te han puesto un punto rojo, pero tranquilo, yo tengo dos…
Voy corriendo a su encuentro, me siento, que ganas de verle, le sonrío sin saber que decir, no quiero decir nada, solo sonreír, está aquí, delante de mí, que ilusión, sonrío con la esperanza de que el diga algo y, como siempre, consigo mis propósitos:
-Ya me ha contado Eduardo donde has estado y que ha pasado y todo el cuento… Te han puesto un punto rojo, pero tranquilo, yo tengo dos…
-Yo quiero estar con mi familia el día
de mi cumpleaños.
-Estarás conmigo.
Le sonrío, una y otra vez. Le sonrío
más que nunca ¿me estaré enamorando? No, es un chico, por Dios, que asco, pero
a la vez dulzura, lo que me extraña es que solo me guste el de todos los chicos
que existen en el mundo, igual es una chica que dice ser un chico… Por Dios,
que tonterías digo a veces, bueno, a veces tirando a SIEMPRE.
-Gracias, por cierto, a la cena, ¿me
guardas un sitio a tu lado?
Que diga que si, por favor, por favor,
que diga que si, un si, o un vale, una respuesta afirmativa, por favor, pero
que responda el majo.
-No, claro que no, ¿tú que te piensas?
Ya no quiero ser amigo tuyo… me han contado cosas.
Estado de shock: PLAY. Por favor:
Cancelar, cancelo el botón de PLAY.
-Que si tonto –me dice con una sonrisa
de cabo a rabo, (creo que eso no existe)
Coño… ¿existe un botón de play?
-Era broma, valla cara que has puesto
–me suelta riendo sin parar.
Eso lo explica tonto, digo todo. Es que
la palabra tonto (cariñosamente) se me ha quedado grabada, que majo, majísimo,
le voy a llamar ‘Súper Majo’, ya está bautizado, aish… ‘Súper Majo’.
-Me has asustado, en serio.
Se ríe, me encanta como se ríe, me
encanta él en sí, me da igual lo que haga, me da igual su exterior, ya se
porque me gusta, por su interior, la verdad es que siempre me fijo e el físico
de las chicas pero en él solo me fijo en su interior, nada más, me gusta él, no
su cara, él, quiero decir que me gusta su persona, me parece que es guapo
porque primero es guapo por el interior y es lo único que importa en esta
ocasión, me encanta como se ríe ¿os lo había dicho?
-Tranquilo, me caes muy bien, eres el
único de aquí que es mi amigo, en verdad, yo nunca he tenido muchos amigos, me
miraban mal por ser bulímico, cuando se enteraron de que iba a venir aquí me
llamaban loco por los pasillos y…
-Calla, no digas nada, deja de hablar
de eso, a partir de ahora tema franjado, no quiero más disgustos, hay que ser
feliz ¿Vale?
-Si, eso te lo había dicho yo. Me gusta
que ahora pienses así, cuando te conocí te vi muy triste, y te voy a confesar
que pensé que te tenían que tratar muy bien y ser muy educado porque pensé que
hacía tiempo que no te reías, sin ofender, pero, ¿me equivocaba?
Una carcajada se me escapó, ¡era lo
mismo que pensaba yo de él! Al final si que vamos a ser parecidos, y mucho,
vamos, eso espero.
-Es lo mismo que pensé yo, y… no, no te
equivocabas, muchas gracias, por cierto, sin ofender, pero, ¿yo me equivocaba?
Me mira raro, con desprecio, ¿qué le
pasa? Después se ríe, ¿qué le pasa?
-No, tenías toda la razón, necesitaba
soltar unas carcajadas y liberar toda la carga que había acumulado todos años
atrás, gracias.
Una sonrisa vislumbró mi cara, otra la
de él, ¿le gustaré? No creo.
-Venga, a comer rápido y vamos a mi
habitación que tengo ganas de hablar sin tener a termitas por el alrededor, así
que vamos.
-¿No íbamos a la mía?
-No, a la mía anda
-Vale Edgar, pero mañana a la mía eh,
que es mucho más guapa.
Un tono de enfado-sarcasmo salió de la
boca de Edgar.
Seguimos comiendo, hablando de vez en
cuando pero con cuidado de que no nos viera Germán, o como le llamamos Edgar y
yo: ‘La Termita ’.
Y cada vez que estamos hablando y pasa por alado de nosotros decimos en bajo
para avisar: ‘nos atacan Las Termitas’. Me encanta charlar con Edgar, es lo
mejor, el problema es que empiezo a dudar en si decírselo o no, me da mucho
miedo, además, él no es gay.
miércoles, 27 de marzo de 2013
CAPÍTULO DOCEAVO, Los recuerdos de Samuel:
XII:
sangre.
Al final del libro había una carta en
la que ponía: arranca cada día una hoja hasta el día de tu cumpleaños. Hoy
arranco la primera. Al final del día 28 trae escrito: quedan tres días para tú
cumpleaños. Que chico tan majo, ojalá fuera una chica y todo fuera muy fácil.
Tengo pensado decírselo.
Hoy me ha despertado Eduardo pero me ha
dicho que los demás días me las tendré que apañar yo solito. Me lavo los
dientes, me ducho, y me visto. Hoy tengo pensado decirle a Edgar lo que siento,
se lo voy a decir. Lo prometo.
Salgo de la habitación con los
pantalones puestos (claramente) y me dirijo a hablar con Eduardo.
-Oye, Eduardo, perdona, ¿Puedo hablar
contigo?
Se gira, sonríe al ver que soy yo y
apartándome para que nadie lo oiga me pregunta muy simpáticamente, como hace
desde la carta que me mandó:
-¿Es algo secreto?
-No, pero, es algo que me da vergüenza,
mucha vergüenza, es una pregunta, por favor, no te rías, ¿me lo prometes? Es
que me da mucha vergüenza.
-Te escucho, dime.
-No sé… no sé… -me acerco y le digo al
oído-: no sé que tengo que hacer ahora.
Se empieza a reír y yo me enfado
diciéndole:
-Me dijiste que no te reirías.
-Eres un poco tonto. ¿Cómo lo ibas a
saber? Es tú segundo día aquí.
-¿En serio? ¿Solo dos días? No puede
ser… ¿Qué está pasando en mi vida?
-Samuel, tranquilo, aquí te ayudaremos
y te irás pronto, no te preocupes.
-No es eso… es mi padre, llevo mucho
tiempo sin verle, necesito volver para verle.
-Samuel, tu padre, haber, es que tu
padre… ha muerto.
Las palabras ‘ha muerto’ se repitió en
mi mente varias veces hasta que abrí los ojos.
-¡Samuel, te has caído! –me dice
Eduardo.
-¿Qué?
-Te has desmayado, ¿bajón de tensión?
Pero, ¿qué ha pasado? ¿Dónde estoy?
-Me ibas a decir algo –insiste Eduardo
preocupado por mi- ¿Estás bien?
-No sé lo que ha pasado, ¿por qué me
voy a desmayar? No lo entiendo.
-Quizás te has levantado muy rápido de
la cama y tienes la tensión muy baja, ¿quieres que te lleve al médico? –Cuando
asiento me dice-: venga, ven, que te acompaño.
Le sigo pasillo adelante, giramos a
mano izquierda y al final del siguiente pasillo puedo ver un cartel que trae:
‘ENFERMERÍA’. Eduardo me mira y señalando la puerta por donde se entra a la
enfermería y me explica:
-Me tengo que ir, tengo una reunión con
el director de este sitio, mira ahí esta, vete tú, di que eres el nuevo, el número
30789, bueno yo me voy, recuerda 30789.
Asentí y se fue.
¿30789? Soy un número, un estúpido
número, ¿qué mierda es eso? Un número, como en la cárcel.
Entré en la enfermería, dos enfermos
acostados en las camillas. Uno de ellos creo que tenía varicela (sus granos lo
indicaban), y el otro hablaba con la médica:
-Tranquilo, llegará enseguida la
ambulancia, te llevarán y te transplantarán la médula, respira hondo y… ¡¿TU
QUÉ HACES AQUÍ?! –me pregunta a gritos al verme a su lado a punto de hablarle.
No sé que decir, parecía muy buena
gente y de repente… Que paciencia hay que tener, con ella no, bueno, a parte, pero es que,
tengo que tener paciencia con todo el mundo. Siento como que todos me tratan
mal.
La
médica se quedó con la boca abierta unos segundos y después de un rato re ríe.
Así, sin más, ¿se está riendo de mí? Será idiota. Se ríe un poco más y me dice
cortadamente porque la risa le impide hablar:
-Pe…per… perdón… -se pone la mano en su
cara roja de la risa y me vuelve a decir-: perdón, perdón, es que me has
asustado, siéntate en esa camilla que voy en dos o tres segundos para ya,
espera que acabe con él.
Le sonrío y me dirijo a la camilla que
me había señalado con el dedo. Al final es maja, no se reía de mí, pero bueno
es un poco tonta la pobre.
Me senté en la camilla y noté algo
húmedo en la muñeca. La toqué sin mirarla, me duele al tocarla. Me miro la mano
con la que había tocado la herida y vi una mancha gigante de sangre, me miré la
muñeca y salían chorros de sangre.
-Bueno y… ¿qué querías? –me pregunta
educadamente la médica.
-¿Eh?
Después de decir ‘¿eh?’ salí por la
puerta corriendo, sin dar explicaciones, sin mirar a nadie, escondiendo la
enorme herida. Me metí en mi cuarto, cerré la puerta, me quité la manga de la
ropa y pude ver que la quemadura estaba sangrando pero pocos segundos después
me di cuenta de que había una línea cubierta de sangre. ¡El pequeño corte! No,
no.
Fui al baño y cogí todo el papel
higiénico que quedaba y me lo enrollé en la muñeca. Apreté. La herida no paraba
de derrochar sangre, la vista se me nublaba pero si decía algo estaría más
tiempo en el PUTO manicomnio. Cada vez veía menos. Apretaba más la herida y
busqué más papel en el baño. Encontré alcohol para curar heridas. Lo gasté
derrochándolo sobre mi herida, pero no paraba de sangrar. Me quité la ropa y me
metí en la ducha, no sabía que hacer.
-¡Samuel, me ha dicho la médica que te
has ido, luego te acompañaré otra vez, vete a desayunar! –gritó Eduardo.
-Un momento –le pedí.
En ese momento empecé a recordar todo
lo que había pasado en el hospital, recordé el momento en el que guardaba la
carta para mi padre en la mesilla, tenía
que encontrarla.
-¡EDUARDO!
Un grito acabó con mi garganta y con mi
vista. Podía ver agua derramándose sobre mi y sangre acompañado esa agua y
metiéndose en mi boca. Lo último que pude ver fue el rostro preocupado de
Eduardo.
Mis pulmones no accedían a hincharse.
Notaba la piel caliente, que horror de sensación. Parecía que no quería
respirar. Lo primero que vi fue un rostro familiar, me sonaba de algo.
-¡Eh, eh, se está despertando!
¡Era el niño al que estaba atendiendo
la enfermera del manicomnio cuando yo entre en su enfermería!
-Samuel, ¿por qué lo has hecho, con qué
te has quemado?
Era Eduardo. Sonreí y le di un fuerte
abrazo.
-Explícamelo –me exigió al retirar mis
brazos de su cuerpo.
-Eduardo, el corte no era de hoy, me lo
había hecho hace tiempo, debí de cortarme por la noche sin querer.
-Mala suerte.
Le miré extrañado. ¿Qué quería decir
con eso? ¿Mala suerte?
-No lo entiendo, ¿qué quieres decir?
-Te han puesto un punto negativo, eso
significa: más días en el centro.
Le miré con ganas de llorar pero, por
una vez, me contuve, ya había llorado demasiado.
-¿Cuándo me voy a ir de aquí?
-Ahora, pensaban que era algo muy
grave, pero no es nada tranquilo.
-No he…
La palabra que seguía era ‘desayunado’
pero no me permitió decirla el manjar de fruta y un chocolate caliente que
traía la enfermera.
-Gracias, por cierto Eduardo… ven,
acércate.
Se acercó, miré a los dos lados y al
ver que el niño de la enfermería estaba hablando con un enfermo le susurré al
oído señalando al niño:
-¿Qué hace aquí?
El se apartó y con serenidad me
respondió:
-Creo que eso no es asunto tuyo. Es
asunto de la enfermera y todos los trabajadores del centro.
-Eduardo… mmm… dímelo, por favor, no
diré nada, te lo prometo.
-Bueno anda, pero no le digas nada al
primero que te atendió cuando llegaste.
-¿El marica?
-A que no te lo digo…
Le sonreí y me corregí:
-El homosexual… el homosexual.
-Vale, haber, pero no digas nada
–asentí con seguridad y me contó-: lo acabamos de traer a la vez que a ti, lo
van a ingresar en otra habitación, el ha decidido venir aquí a verte, es muy
buena gente.
-¿Por qué lo han ingresado?, es decir,
¿es cáncer, o una enfermedad o…?
-Tiene leucemia, cáncer de sangre, le
van a transplantar una médula.
-Calla, no digas más, me dan
escalofríos, pobrecito, que bueno que quiso venir a verme.
-Si, es que pensábamos que era algo
mucho peor y le dio mucha pena.
-Que bueno, yo no lo habría hecho,
bueno, quizás si, por cierto, ¿cómo se llama?
Abrió su carpeta miró la lista de, como
nos llaman, ‘locos’ y al encontrar el nombre del chico que tenía leucemia me
susurró para que no lo oyera:
-Elías, Elías Cándido Sánchez, estaba
en el centro de psicología porque deliraba, luego unos días antes de que le
sacaran de allí le dieron síntomas de leucemia.
-Vale, cállate, no quiero saber más, me
da mucha pena es historia.
Una enfermera entró por la puerta con
una ficha médica y se la enseñó a Eduardo diciendo:
-Lo sabía, no tiene nada, pero que no
se vuelva a cortar en el mismo sitio o pasarán cosas, cosas que ni yo misma sé
con claridad –me miró y me dijo-: recoge tus cosas y deja la cama libre en
menos de una hora.
-De acuerdo –contestamos Eduardo y yo
al unísono casi sin darnos cuenta.
Recogí todas mis cosas (solo era una
chaqueta) y mirando a mí alrededor asegurándome de que no me habían traído nada
más y pregunté esperando un si o un vale o un de acuerdo, en fin, esperando una
respuesta afirmativa:
-Bueno, ¿nos vamos?
-Si, venga, vamos al coche.
PRINCESA DE CRISTAL Y EXANIMARENTUR:
- Princesa de Cristal: será antes de lo previsto, sus fechas son las siguientes:
Lunes, 1 de abril, de 2013: Sinopsis.
Martes, 2 de abril, de 2013: CUENTO OFICIAL.
- Exanimarentur: cuando empiece a subir los capítulos de este libro solo me centraré en el blog: Exanimarentur Blog, clic aquí. Y este blog lo dejaré a parte durante un tiempo, el 2 de abril pondré las fechas.
martes, 26 de marzo de 2013
CAPÍTULO ONCEAVO, Los recuerdos de Samuel:
XI: final del libro de Edgar, me
encanta.
Me encierro en mi habitación y abro de
nuevo el cuento de Edgar, con mucho entusiasmo leo alegremente:
Samuel decidió
no escuchar más de la conversación, se imaginaba la respuesta, estaba claro,
iba a acabar en un orfanato, y con suerte, en una casa, pero es difícil que
alguien adopte a un niño feo, ya no le quedaba nada, no sabía que hacer, por
unos momentos se le ocurrió la idea de suicidarse con Julia, pero, según
afirmaba, Julia no quería suicidarse.
-¡HA DESPERTARSE! ¡VENGA! –dijo de malas maneras Cintia.
-¿Y si no quiero?
En ese momento, Manuel, el padre, entro por la puerta
haciéndole señales a Samuel para que le hiciera caso:
-Venga, también he preparado un desayuno para Julia.
En ese momento, el pequeño, cogió a Julia de la mano dándose
cuenta de que su padre la veía, aunque no la viese, Manuel era astuto, y sabía
muy bien como hacer feliz a su hijo, y la verdad, era muy sencillo.
Al llegar a la cocina, Samuel se sentó en su típico lugar de
comer e hizo como que apartaba una silla para que se sentara su única y mejor
amiga.
-Julia, creo que a mi padre le caes bien, te ha preparado un
desayuno, ¿no piensas comer nada? Como sigas así, te vas a morir.
Manuel miró tristemente a Samuel, le preocupaba su
imaginación, al fin y al cabo, ya tenía 14 años, pero, por una parte le
entendía, sin ningún amigo, lo mejor que puedes hacer es inventarte uno.
También le miro triste porque al hacerle esa pregunta Cintia, Manuel no pudo
responder, tenía más vida con Cintia, y no es lo mismo un hijo que una mujer,
Cintia y el nunca se separaban, ella le había dado una semana para responder, y
él no sabe que va a decir. Pobre Samuel, casi nadie le quiere, para él, solo le
quiere su valiosa amiga Julia.
Después de desayunar, Samuel, no sabía que hacer, típico en
las mañanas de Sábados, la mayoría de los niños ven la tele o chatean por redes
sociales, pero el no tenía amigos, no merecía la pena crearse una red social.
-¡Papá! No se que hacer.
-Vete a tu habitación, tengo una idea.
Como le había dicho su padre, fue a su habitación y esperó.
Manuel asomó por la puerta y le hizo un gesto para que se
tumbara en la cama.
-Cierra los ojos.
-¿Y ahora que?
-Silencio, no digas nada, no abras los ojos, crea tu mundo,
mete a las personas que quieras en el, y imagina todo lo que se te antoje.
En ese momento Samuel tuvo un mundo en el que solo estaban él
y Julia. Se imaginó que volaban, veían las casas muy pequeñas, y Julia hablaba.
Tenía una melena rubia y unos preciosos ojos azules, era la mujer más guapa del
mundo para él.
-¿Hacia dónde volamos?-preguntó Julia alegremente.
Samuel abrió los ojos, se levantó de la cama y se fue de la
habitación.
-¿Qué te pasa?-preguntó su padre.
-No me gusta este juego.
Manuel extrañado porque le debería encantar, pues lo había
inventado para eso, le preguntó:
-¿Y eso?
-Es que, papá, odio los sueños, odio esto, es muy parecido,
vamos a ver, para que quiero imaginar todo eso, cuando abra los ojos voy a
estar en este asco de vida, prefiero no hacerme ilusiones, en el sueño te
despiertas y en este juego tuyo, peor todavía, abres los ojos. Solo con abrir
los ojos se acaba todo lo bueno.
-Pues no los abras, no los abras.
-¿Y que voy a estar toda la vida en un profundo sueño?
-Digo, no los abras en la vida, ósea, mira lo bueno, no lo
malo.
-¡Ah! Es verdad, pero hay un problema, no hay nada bueno.
Después de decir esto, Samuel se fue a llorar al salón donde
se encontraba su madre, al verla, le miró con asco y se fue de casa, se quedó
llorando en pijama en las escaleras, le daba igual que alguien le viera, ya lo
tenía todo perdido. En el fondo, él, sabía perfectamente que Julia no existía,
pero al no tener a nadie, y después de verla en su imaginación, había pasado de
ser invisible a ser una preciosa rubia de ojos azules, la típica guapa.
Manuel dejó que Samuel pensara en los hechos porque no sabía
que decirle.
-Cariño ¿podemos hablar?-preguntó el padre de la familia a su
mujer.
-Si, claro, claro.
-Es sobre Samuel, ya me lo he pensado.
-¿Y bien que has decidido?
-Pues, haber, cariño, te quiero, mucho, mucho, mucho, pero no
eres el tipo de mujer que parecías ser, me has hecho elegir, pues me voy por
Samuel, esta es nuestro último día aquí.
Cintia le miró con rabia y con decepción y se fue a un
supermercado donde compró alcohol para olvidar que su marido le había dejado.
En casa, todos se pusieron a dormir. Cintia llegó con:
Absenta, Everclear, Vodka Devil’s Spring, Ron Stroh y algunas
bebidas muy fuertes. Se bebió una botella de absenta, otra de Everclear y se le
fue un poco la conciencia, no sabía lo que hacía.
Samuel
se despertó mordiendo una manzana con una cuerda por encima impidiéndole
hablar. Miró hacia los lados y a su lado izquierdo vio a su madre con un
cuchillo.
Su
padre entró por la puerta gritando:
-¡¿Qué estás haciendo?!
-¡¿Qué estás haciendo?!
Cintia
no se lo pensó dos veces y hundió su cuchillo en el pecho de su marido.
Después, al ver que ya nadie le podía oír, le quito la manzana y la cuerda de
la boca a Samuel.
-Estás
borracha, por favor, ¡HAS MATADO A MI PADRE!
Samuel
se desesperó y empezó a imaginarse viendo como Julia le intentaba salvar pero
no podía porqué abría los ojos y ya no estaba.
-¿Me
vas a matar?-preguntó con lágrimas en los ojos.
-No.
Te voy a abandonar.
Cintia
le desató y le dijo:
-Nunca
te he querido, que sepas que es lo último que voy a decirte, es lo último que
voy a decir: Te odio.
Cintia
se clavó el cuchillo en la garganta acompañado por grito de Samuel.
‘Después
de unos meses’
-Estos
son tus nuevos papás-dijo el director del orfanato a Samuel.
-Hola
-Hola,
¿quieres que vallamos ya a casa?
Él asintió y fue en el coche de sus nuevos padres.
Él asintió y fue en el coche de sus nuevos padres.
Cuando
llegaron, le enseñaron todas las partes de la casa incluida su habitación.
-¿Me
podéis dejar solo en mi habitación?
-Si,
por supuesto, y recuerda, este es tu nuevo hogar, como si hubieras vivido aquí
desde toda la vida-dijo su nueva madre sonriendo.
Cuando
se fueron de su nueva habitación disfrutó hablando con Julia explicándole:
-Julia,
estoy triste, creo que lo mejor es morirme, si, no insistas, tu no existes, si
me muero quizás, pero bueno, no pensemos que no existas ahora, te quiero, vivo
soy infeliz, muerto, estaré con mi padre, y estaré contigo, que digo, estaré
con todos, y estaré feliz, eso es lo que importa, ¿lo entiendes?
Samuel
escribió una carta para sus nuevos y últimos padres.
Después
agarró a Julia de la mano y fueron juntos hacia el borde de la ventana, Samuel
miró abajo y tragó saliva.
-Te
quiero-le dijo a Julia.
<<Yo
también-pensó Samuel que le decía Julia>>
-Una,
dos y tres.
Samuel
se dejó caer, cerró los ojos, le apretó la mano a Julia y se tiró con un grito.
Antes de caer, le pareció que tardó minutos en caer, quería acabar ya, caer al
suelo, morirse ya.
Abrió
los ojos y lo primero que vio fue a una chica guapa, con preciosos cabellos
rubios y ojos azules.
´-Hola,
todo ha ido bien-dijo ella con una sonrisa.
Cuando
se levantó de la cama de oro vio a dos pájaros gigantes, uno azul y otro verde.
-El
tuyo es el verde.
Se
subió al verde, Julia al otro y le dijo:
-¿Hacia
donde volamos?
Tanto
tiempo había él estado esperando eso, estar con Julia, que existiera, estar
volando, todo lo que quería, y lo único que podía hacer era sonreír, Julia,
verdaderamente existía. Los pájaros se tiraron y Samuel sintió que podía volar,
Julia le volvió a preguntar:
-¿Hacia
done volamos?
Y
lo último que se de esta pequeña historia es que Samuel recuperó la sonrisa.
Queridos mamá y papá (nuevos):
Se que me habéis tratado genial y os lo agradezco, pero mi
madre me dijo te odio antes de suicidarse, y no lo puedo olvidar, necesito
morirme, ya no hago nada vivo, estoy triste todos los días, ya no se me apetece
hacer nada, tengo visiones de cómo sería si me muriera, cierro los ojos y veo
como mi madre me dice que no me odia, gracias por todo, se que os he costado
dinero, tenéis esta prueba de que quiero que os cojáis todo mi dinero que tengo
guardado en el banco, no os preocupéis por mi, estaré bien, solo quiero ser
feliz.
Os quiere,
Vuestro
hijo.
Samuel se miró al espejo y vio que era
guapo, sin gafas, sin aparato, era guapo, muy guapo, a su lado la mujer más
bella del mundo, su mujer, Julia, con la que había compartido toda su vida, y
al otro lado, su padre tan sonriente como siempre, por fin todos juntos, solo faltaba
su bella madre, que no la había vuelto a ver, había comenzado una nueva vida en
su imaginación. Cintia apareció por la puerta y le dijo:
-Te quiero.
Y Samuel le
sonrió, dejando atrás todo lo malo.
Una lágrima brotó del Samuel de verdad,
yo, no el del cuento de Edgar. Muy
bonito. Me encantó, lo llevaré siempre en el corazón y, claramente, me he
enamorado de Julia, la mejor novia imaginaria de todos los tiempos.
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